Los Baciares

“El revés del Derecho”

en 28 febrero, 2009

Ayer veíamos en clase un poco de la Ley de expropiación forzosa de 1954. Nos decían que si la Administración considera que unos terrenos pueden ser de interés público y social, mediante un procedimiento expropiatorio puede quitártelos sin que puedas hacer nada para impedirlo, a cambio, por supuesto, de su justiprecio (la valoración económica que tenga el predio en ese momento). Osea, que si eres un pobre agricultor que vive en una casa con su familia, en un  terreno al lado del pueblo y que tiene una pequeña huerta de la que extrae lo necesario para alimentarse a él y a su familia, y además, ganarse la vida vendiendo sus productos; un día llega la Junta de turno y te dice que ahí va a ir una zona ajardinada y parques, te fastidias, te quitan tu casa y tu huerto a cambio de lo que vale. Pero bueno, ¿y si yo no quiero dinero? ¿Y si yo l que quiero es seguir tranquilo en mi casa? Aaahhh! Haber pedido muerte…. jaja

Pero eso no es todo, resulta que las decisiones de los expertos que llevan a la determinación de una acción expropiatoria son prácticamente indiscutibles en casi todos los casos, menos cuando nos topamos con cosas tan importantes como una flor o un caracol. Y es que resulta que si un equipo de ingenieros de caminos hacen un riguroso estudio en el que dicen que una autovía tiene que cruzar una determinada zona de una determinada montaña, donde hay una determinada especie de florecita o de caracol hermitaño de caparazón del nosequé, da igual lo que digan los ingenieros y ya se preocuparán de hacer otro estudio, que por ahí no pasa la autovía. ¡Por favor! ¿Cómo vas a destruir el espacio de desarrollo de ese pobre caracol? ¿Es que no te da vergüenza?

Me parece increíble que se le de más importancia al bienestar de un caracol o de una flor, que al de una humilde familia que lo único que tiene es su casa. Y muchas veces, en estos casos, el valor económico da prácticamente igual, es casi más el valor sentimental que otra cosa.

Y cómo éste, podría decir muchos más casos que se presentan y que parecen surrealistas, pero no sería suficiente con un post, jeje. Así que de vez en cuando ya os iré deleitando con algunas “perlas” de nuestra justicia. Por cierto, el título del post se corresponde con un libro de Fernando Vizcaíno Casas, del mismo nombre: “El revés del derecho”, que no tiene desperdicio alguno.

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