Los Baciares

Cuestión de principios

en 19 febrero, 2009

“Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros.”
Groucho Marx

Miro a mi alrededor y me doy cuenta de que hay muchísima gente dispuesta a renunciar a sus principios, a sus valores y creencias a cambio de conseguir un determinado fin. Podemos verlo, sobre todo, en chavales de 14 o 15 años, los cuales con tal de conseguir un “puñado” de amigos o un cierto nivel de popularidad se venden a sí mismos y se despojan de todas las enseñanzas que les han estado inculcando sus padres durante todos esos años. Empiezan a beber, a fumar, drogas, humillar a otros niños… todas estas cosas que ellos saben que no están bien y que incluso, en muchas ocasiones (al menos, al principio) les resulta hasta incómodas, pero les da igual porque piensan que de esa forma van a poder formar parte de ese grupo tan “guay” de niños de la escuela.

Pero por desgracia, no sólo ocurre en los niños, sino que también se da en los adultos. En una empresa, o en un partido político ¿cuánta gente no está dispuesta a pasar por encima de quién sea y de la forma que sea necesaria para conseguir un mejor puesto o un aumento de sueldo? Es verdaderamente triste que estas cosas ocurran. Creo que cada vez hay menos personas “de principios” y conscientes de sus propios valores, y eso está llevando a una deshumanización de la sociedad y a que cada vez existan personas con una personalidad muy débil y extremadamente manipulable.

Creo que las actuaciones de cada uno han de estar siempre en consonancia con sus propios principios y valores éticos y ser consciente de hasta dónde está dispuesto a llegar para no traicionarlos. También hay que tener en cuenta que pueden existir conflictos de valores entre unas personas y otras, o incluso en la misma persona, y que en estos casos habrá que evaluar la situación para llegar a la mejor solución del conflicto posible; pues nadie está en posesión de la verdad y razón absoluta.

Pienso que es muy importante tener estas ideas claras y actuar en función y acorde a ellas. Mi padre siempre me ha dicho que no tenga miedo de ser quién soy y que tengo que actuar conforme a mis principios y defenderlos, porque a fin de cuentas, es lo único verdaderamente nuestro que tenemos y que nadie podrá quitarnos jamás. Hasta hoy, he tenido en cuenta ese consejo y me considero una persona coherente con sus ideas, Siempre he actuado de la forma que he creído conveniente, incluso he aprendido de mis errores y me han ayudado a rectificar en muchas ocasiones. Lo mejor de todo es que cada noche me duermo muy tranquila y me siento satisfecha de haber dado cada dia lo mejor de mí a los demás, en ocasiones más y en otras menos, pero siempre intentando hacerlo lo mejor posible. Y ¿acaso hay una mayor recompensa que tener la conciencia tranquila y poder mirarte al espejo sabiendo que el que está ahí enfrente verdaderamente eres tú? Yo creo que no.

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