Los Baciares

Pero un día llegará…

en 14 febrero, 2008

En la cuadra y por la noche habla el potrillo a la yegua:
Quisiera ser mayor, tener como el caballo autoridad,
ser de la manada el más veloz y frente a un toro negro galopar.
La yegua replicó:
Ahora es tu momento más feliz.
La vida te sonríe alrededor y puedes a tu antojo ir y venir.
Pero un día llegará en que te habrá de doler,
en que te habrá de doler…
el no tener libertad para ir hasta el río a beber.

Esta es la letra de una sevillana que me gusta mucho. Siempre que la escucho, me hace pensar en la prisa que nos queremos dar, en muchas ocasiones, para que nos llegue algo que tarde o temprano, nos va a terminar llegando. Es decir, nuestro empeño por acelerar el curso de los acontecimientos.

Si nos paramos a pensar, toda nuestra vida está llena de frases como: “Y cuando sea mayor…”, “Y cuando tenga dinero..”, “y cuando termine la carrera…” Creo que muchas veces, esos “y cuandos” no nos están permitiendo disfrutar de los “y ahoras”, que cada vez más, se nos escapan sin que nos demos cuenta.

Yo veo reflejado ésto a menudo en mis hermanas, cuando no paran de decir que “ojalá fueran mayores para poder hacer todo lo que hacen ellos” y no se dan cuenta de que el momento que están viviendo es exclusivo, que ya no volverá más y que por eso, hay que disfrutar cada minuto de cada una de las etapas de nuestra vida, pues cada una de ellas es única e irrepetible y merece la pena saborearlas al máximo.

Si nos damos tanta prisa en pasar de una a otra, seguro que nos dejaremos por el camino muchas cosas, sin las cuales, no podremos afrontar o vivir plenamente la siguiente. A muchos de nosotros nos vendría bien hacer el intento de bajarnos de ese mundo tan acelerado en el que vivimos y pararnos a pensar, a contemplar, a disfrutar… de todas “esas pequeñas cosas” que nos están ocurriendo y que, muchas veces, pasan desapercibidas ante nosotros.

No por más desear algo, sucede antes o… recurriendo a nuestro refanero: “No por mucho madrugar, amanece más temprano”. Yo, cada vez que caigo en la tentación de querer que el tiempo acelere su marcha, me repito a mí misma que ¿para qué?, ¿de qué me sirve? Si, total, el tiempo ya corre por sí solo, no hace falta que nadie le recuerde el pasar de los minutos… Así que intento aprovecharlo al máximo y vivir cada día como es, único e irrepetible.

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